De Kenia a Suecia, con eje en la Argentina (¿?)

Provoca sorpresa y temor la realidad: "Asistencialismo politizado, ineficiente e improductivo como si viviéramos en Kenia y legislaciones laborales y estructuras impositivas como si viviéramos en Suecia pero con una productividad varias veces menor."

"(...) Todo esto no implica renegar de soberanía o no profundizar las relaciones comerciales con quien se nos de la gana ni elegir un nuevo amo. Implica ponernos como proyecto ser un país serio, consistente, creíble y predecible y ponernos a laburar en ese sentido. (...)".

por GERMÁN BERIZZO
 
SAN CARLOS DE BARILOCHE (Especial para Urgente24). El próximo gobierno, sea del signo que sea, tendrá en sus manos el trabajo de poner a la Argentina en rumbo, o seguir con la fiesta  e hipotecar aún más el futuro de nuestros hijos.
 
Escribo estos párrafos en la convicción de que a ninguno de los tres candidatos con posibilidades de llegar a la Presidencia, ni tampoco a los  bloques legislativos que surjan de las próximas elecciones, les importa un pito el futuro del país, ni como proyecto de nación ni como hábitat decente para las generaciones por venir.
 
Hace año y medio, en un artículo titulado "Algunas ideas sobre el futuro que viene" publicado en Urgente24 el 17/01/2014, expuse algunas comparaciones referidas a la productividad del trabajo en países como USA, Chile, España, Brasil y Argentina.  En todos los casos, la productividad de los argentinos resultó ser la más baja junto a la de Brasil. Recalco que el análisis de la productividad, dada la falta de estadísticas oficiales, se deduce de la división del PBI por la fuerza laboral (Real y potencial) y el resultado se divide por doce, resultando de este número la productividad laboral mensual.
 
Lo cierto es que, chequeando algunas respuestas de los usuarios registrados, encontré algunas ideas que pueden llegar a enriquecer  ese argumento original. Lamentablemente, de los cientos de asesores económicos de los diferentes candidatos, ninguno hace referencia al tema de la productividad, por lo que, o mis argumentos son ridículos o estos asesores piensan seguir fugando hacia el futuro.
 
El asunto es que, siempre afecto a las comparaciones,  empiezo a sospechar que el perverso y regresivo  sistema impositivo vigente en Argentina es otro factor que, además de afectar la competitividad de nuestros productos, realimenta la improductividad laboral. Veamos por qué.
Nuestra estructura tributaria está basada principalmente en: 
 
IMPUESTO A LAS GANANCIAS
IMPUESTO AL VALOR AGREGADO
IMPUESTO A LOS BIENES PERSONALES
DERECHOS DE EXPORTACIÓN (RETENCIONES)
DERECHOS DE IMPORTACIÓN
IMPUESTOS INTERNOS
a nivel nacional y luego, a nivel provincial
IMPUESTO SOBRE LOS INGRESOS BRUTOS
IMPUESTO DE SELLOS
IMPUESTO A LOS AUTOMOTORES
IMPUESTO INMOBILIARIO
 
y, finalmente, a nivel municipal
 
TASAS POR SERVICIOS RETRIBUIDOS
TASA DE INSPECCIÓN, SALUBRIDAD E HIGIENE
TASAS DE APLICACIÓN ESPECIAL
 
Obviamente, no están agregados impuestos específicos por actividad, que por ignorancia y por espacio no figuran en la lista.
 
Muchos de estos impuestos y tasas aparecieron como impuestos de emergencia y "por única vez" con duración de un año fiscal y se quedaron para siempre demostrando que la "emergencia" en Argentina, es permanente.  
 
Algunos impuestos, como el  IVA, iban a compensar la desaparición de Ingresos Brutos, pero.... nada pasó. Hemos sumado impuesto tras impuesto y distorsionado la estructura productiva del país a niveles tales que, hoy, estamos en un callejón sin salida. 
 
Y como bien decía el humorista Landrú, la mejor manera de salir de un callejón sin salida, es por la entrada al callejón.  
 
Vamos al grano. ¿Para qué sirven todos estos impuestos? Para financiar la operatividad del estado, la obra pública, el mantenimiento de las obras y estructuras preexistentes,   los salarios de los empleados públicos,  las jubilaciones (Porque los aportes no cubren), los subsidios , los planes sociales y algunas otras yerbas.  
 
Focalicémonos entonces  solamente en salarios  y planes. En la ciudad donde vivo, Bariloche, en la que habitan aproximadamente 160.000 personas, existen aproximadamente 8.000 empleados públicos  y 11.000 familias bajo planes de asistencia. Considerando un grupo familiar de 4,5 personas promedio, existen aproximadamente 35.500 hogares de los cuales restamos 11.000 asistidos y nos quedan 24.500 hogares fuera de asistencia. Si aplicamos un coeficiente de 1,5 empleado público por hogar, nos da unos 5.300 hogares sostenidos por el erario público. Quedan entonces solamente 19.200 hogares no sostenidos con recursos fiscales. Esto da una relación de 46% de hogares no sostenidos por el estado, cifra que es elocuente por sí misma en cuanto a deformación de la productividad laboral. Y eso que Bariloche es una ciudad considerada como de "altos ingresos" por lo que no quiero pensar que es lo que pasa en otras latitudes donde e l ingreso es menor. 
 
¿No advierte el lector cierta coincidencia entre estos porcentajes y los de la presión fiscal?
 
Esta situación distorsiona el mercado de trabajo porque reduce la oferta de  trabajadores al sistema, obligando a pagar salarios por encima de la productividad y llevando a los empleadores a calcular en su tasa interna de retorno esta distorsión. ¿Consecuencia? Precios más elevados.
 
La habitualidad de preservar subsidios por parte de potenciales trabajadores trae otra consecuencia negativa, dado que éstos rehúsan emplearse en blanco para no perder subsidios,  generando un menor aporte al sistema previsional, el que, en consecuencia, debe incrementar su presión sobre los empleados regulares y sus empleadores y, nuevamente, esta distorsión es incorporada a la hoja de cálculo para determinar la TIR deseada. ¿Consecuencia? Precios aún más elevados. 
 
Hemos analizado solamente dos factores que surgen como consecuencia de la abundancia de recursos fiscales para financiar cualquier cosa y no  nos hemos adentrado aún en los efectos directos de la distorsión impositiva.
 
En Estados Unidos, por ejemplo, el Impuesto a la Renta progresa desde el 10% hasta alcanzar el 39,6% para el quintil más alto, pero debido a las deducciones que se pueden obtener (Por ejemplo, por reinversiones) el promedio de dicho quintil es de apenas el 24,5 %.  Si en Argentina se modificara el concepto impositivo de modo que a las sociedades ideales se les quitara el Impuesto a las Ganancias y se les aplicara el Impuesto a las Ganancias Distribuidas, muchos de los recursos que hoy van a parar al estado o a la evasión serían directamente reinvertidos en las mismas empresas, porque entre pagar impuestos o crecer empresarialmente sería necio optar por lo primero y en consecuencia, se incrementaría la demanda laboral compensando la desaparición de los efectos distorsivos de los planes o empleos públicos, mejorando la productividad por un simple concepto de escala.
 
Lo terrible es que ningún economista con posibilidades electorales parece querer ver esto.
 
El círculo virtuoso está a la vuelta de la esquina, aunque en un primer momento exista la necesidad de producir el shock. No hacerlo, es asegurarse un shock más grande en el futuro cercano.
 
La perversión de la implementación de las diferentes cargas impositivas en nuestro país, hacen que casi cualquier producto o servicio tenga una carga final cercana al 60%, lo que determina una franca pérdida de competitividad en mercados externos y obligando al Estado, frente a las recurrentes crisis de la balanza comercial a la única herramienta que conoce: Devaluar para ganar competitividad (Durante un tiempito nomás).
 
Intentar la recuperación de impuestos sobrepuestos conlleva un proceso administrativo-burocrático tal, que finalmente los costos de recuperación pueden llegar a ser similares a las distorsiones impositivas que lo motivan. 
 
Y como este esquema es de por sí, ineficiente, financiarlo lleva al agotamiento de la capacidad tributaria llevando al estado a incurrir en déficits fiscales cada vez más grandes. 
 
Hoy tenemos un déficit fiscal cercano a los 400 mil millones de pesos, cifra que no contribuye a ningún bien o servicio útil para la comunidad, pero sí para los políticos que permiten esto.
 
Si ya todos sabemos que cada devaluación licúa salarios, ¿Por qué no tomar el toro por las astas y probar un modelo que en otros países parece dar mejores resultados? 
 
Porque es tremendamente impopular. 
 
Cuando López Murphy lo intentó en la administración De La Rúa, se le abrieron las puertas del infierno y el resultado de no haberlo hecho lo sufrimos meses más tarde en la crisis del 2001.
Atar los salarios promedio a la productividad de la economía parece ser el camino más lógico y hacerlo, también implica una reducción drástica en la infinidad de reparticiones y delegaciones del estado que pululan en todo nuestro territorio, encareciendo productos y servicios y trabando la iniciativa empresarial.
 
Créanme que no pretendo pulverizar salarios y derechos. Solamente pretendo poner una luz de alerta sobre el riesgo de que, de no invertir el modelo, la pulverización va a ser mucho peor y mucho antes de lo que la mayoría piensa.
 
Aún estamos en condiciones de revertir una tendencia que lleva ya 100 años y que ha sido coincidente con la instalación de los populismos en nuestro país.   
 
Aún tenemos capacidad intelectual suficiente, cultura laboral arraigada, iniciativa e incontables recursos para  explotar e industrializar. Depender del modelo agroexportador es suicida como queda demostrado en las oscilaciones de los precios de las commodities.
 
Armonizar agro, industria y servicios es la obligación de cualquier gobierno formado por gente bien nacida, pero recordando que la clave es la productividad. 
 
La nuestra es 5 veces y media inferior a la de los Estados Unidos y 3,3 veces menor a la de España. ¿Causas? 
 
Asistencialismo politizado, ineficiente e improductivo como si viviéramos en Kenia y legislaciones laborales y estructuras impositivas como si viviéramos en Suecia pero con una productividad varias veces menor.  
 
Todo esto no implica renegar de soberanía o  no profundizar las relaciones comerciales con quien se nos de la gana ni  elegir un nuevo amo. Implica ponernos como proyecto ser un país serio, consistente, creíble y predecible y ponernos a laburar en ese sentido.
 
Y para eso, también habrá que tocar algunos preceptos constitucionales, pero eso lo dejo para el próximo capítulo

Fuente URGENTE 24

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