RUSIA EN LA PERSPECTIVA ARGENTINA

3 años de embargo alimentario (desaprovechados)

¿Cómo puede ser que Chile le exporte a Rusia casi el doble de carne vacuna que la Argentina? Algo no funciona en forma adecuada en el comercio exterior. ¿Cómo puede ser que la Argentina no haya aprovechado los 3 años de veda a compras de alimento a USA y la Unión Europea que decidió Rusia, en medio de una intensa disputa geopolítica? Para opinar sobre el comercio bilateral ruso-argentino, nadie mejor que Hernando Kleimans, y aquí va su evaluación:
Por HERNANDO KLEIMANS
Periodista. Estudió Relaciones Económicas Internacionales en la Universidad Patrice Lumumba, de Moscú. Fue director de la Casa de la Provincia de Buenos Aires en Rusia.


Hace 3 años que Rusia impuso la veda a la importación de productos alimenticios de los Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia y otros países que se plegaron a la política de sanciones dispuestas unilateralmente por Washington a Moscú, luego de la reincorporación de Crimea a Rusia y de los movimientos separatistas o federalistas en Ucrania Oriental.

La veda abarcó las importaciones de carne vacuna, porcina y aviar, pescado, frutos de mar, quesos, lácteos, frutas y legumbres así como otras categorías de productos alimenticios.

El embargo se extiende hasta el 31/12/2018 y, por supuesto, el mercado ruso no se quedó a esperar que nuestras resonantes aseveraciones de que ocuparíamos la vacante se concretaran.

La política de suplantación de importaciones d io enormes resultados: Rusia volvió a ser la 1ra. exportadora mundial de cereales, la 2da. en carne aviar y la 4ta. en porcina.

Dmitri Rylko, director del Instituto de Coyuntura del Mercado Agrario (ICMA), señalaba que “en los últimos años aumentó sustantivamente la exportación de alimentos. Sólo en los primeros 5 meses de este año en una valoración general aumentó en un 16,8%”.

El ministro de Agricultura de Rusia, Alexandr Tkachov (un poderoso productor agrario del sur de Rusia), hizo de la suplantación de importaciones su principal meta, y señaló que “en las góndolas rusas por primera vez en largos años comenzaron a dominar los productos alimenticios nacionales y los suministros de importados se redujeron casi en 2 veces”.

Según datos del Ministerio, el volumen de suministros de productos alimenticios extranjeros en 2016 ascendió a US$ 25.000 millones, en tanto que en 2013, antes de la sanción del embargo, se evaluaba en US$ 43.000 millones.

Para continuar con esta dinámica el gobierno ruso apunta a no reducir el respaldo estatal a la agroindustria expresado en inversiones y subsidios a las producciones innovadoras y al desarrollo de rubros no trabajados. Es una política de Estado que permitió la implantación de ganado de raza, la explosión de la producción aviar y porcina y el reposicionamiento ruso en el mercado mundial de cereales como su principal jugador.

“Esto es el impulso principal para las inversiones en el sector agrario –señala Tkachov- en tanto el gobierno planea conservar el año que viene el nivel logrado de respaldo en los 242.000 millones de rublos (la paridad está aproximadamente en US$ 1=60 rublos) y sostener el curso estable del rublo sin permitir su fortalecimiento para no reducir a cero todos los esfuerzos del gobierno para la realización del programa de suplantación de importaciones”.

Este trabajo sistemático en Rusia se estructuró después de la adopción de la Doctrina de Seguridad Alimenticia que fijó la política de respaldo estatal a la producción local. Esto permitió el consecuente incremento en la exportación de alimentos: US$ 7.600 millones en 2010; US$ 11.300 millones en 2011; US$ 16.700 millones en 2012 y US$ 17.000 millones en 2016.

Pero el propio Rylko advirtió que “también creció la importación. En estos mismos cinco meses lo hizo en un 14%. Aumentó la importación de productos de todas las categorías claves de alimentos”.

El sector más tradicional sigue siendo el lácteo. Pero el crecimiento de los suministros fue capitalizado fundamentalmente por 2 países: Belarús, que aumentó en US$ 286 millones la exportación láctea a Rusia yâ �¦ Brasil, que lo hizo en US$ 145 millones. Entre los países que activaron su participación en el mercado lácteo ruso se han posicionado fuertemente Uruguay y Costa Rica.

La Argentina ha desaprovechado hasta ahora esa oportunidad. En un primer momento, pareció que había llegado la hora de ocupar el enorme mercado alimenticio ruso, que quedaba impedido de proveerse de sus habituales vendedores extranjeros. Nuestro país fue, sin dudas, uno de los que mayores expectativas concitaron en este sentido, tanto en el mercado local como en la propia Rusia. Quedamos fuera por precio y por volúmenes. Los intentos, por ejemplo, por colocar leche en polvo y manteca fueron desestimados por los principales compradores rusos por la enorme diferencia de precio con otros países.

Por las mismas razones, y pese a la desestacionalidad de los eventuales suministros, quedamos fuera del mercado de la soja, cuyo cultivo en un país que a priori se había calificado como imposible para su producción alcanza un importante promedio en el nivel de abastecimiento pese al explosivo incremento de los mercados aviar y porcino, que requieren cada vez más alimentos balanceados. Principales empresas rusas, como Sodrúzhestvo, ya están instaladas en Brasil y en Paraguay, produciendo y exportando soja para su enorme centro de producción en Kaliningrado, la ex Koenigsberg alemana, a orillas del Mar Báltico.

La situación también es desalentadora en materia de frutas. En su momento, las manzanasargentinas tenían presencia permanente en los mercados rusos. O el limón tucumano. Al día de hoy aumenta en flecha la cos echa de frutas y vegetales en Rusia. 

En los últimos 3 años la producción de estos rubros en invernaderos aumentó en un 30% y los ritmos de implantación de nuevos cultivos, en una vez y media como promedio.

En carnes es donde mejor se ha dado la suplantación de importaciones, según el Ministerio de Agricultura ruso. La participación de carne porcina importada en el consumo se redujo en 3 veces, hasta el 8% en 2016 en comparación con el 26% en 2013. Lo mismo ocurrió con la carne aviar, que se redujo en 2 veces y media, hasta el 5%.

En carnes rojas la situación sigue siendo complicada para la producción rusa, aunque aquella vieja y dorada imagen de una exportación de centenares de miles de toneladas argentinas a Rusia quedó relegada a la actual, con escasa provisión de algunos contenedores de cortes finos para los restaurantes y hoteles gourmets de las principales ciudades.

Luego de disponer la veda alimenticia, América Latina se convirtió en principal proveedor de 
carne a Rusia. Los cortes finos se importan de Uruguay y la Argentina. Ahora es la única alternativa para el consumo ABC1.

“La carne de Uruguay y la Argentina –aclara Andréi Záitsev, restaurador gourmet- es de suficiente calidad y más accesible. La llamamos de alternativa porque un bife es entre 30 y 40% más barato que los de los abastecedores locales”.

Pero si aumentan los gravámenes para la carne vacuna de importación, saldrán ganando los productores rusos.

Uno de los principales compradores de la carne suramericana, Kiril Martynenko, propietario del famoso “Torro Grill” moscovita, afirma que “de la Argentina, el Brasil y el Uruguay traen carne alimentada a pasturas. Se diferencia por una bastante menor cantidad de ‘mármol’. En cambio la c arne rusa se alimenta con grano y se la puede comparar con Australia y Norteamérica. ¿Qué es lo que más elige la gente? Observamos que los parroquianos votan con el bolsillo”.

Según las evaluaciones del ICMA, la producción de carne en Rusia creció el año pasado en un 4%, en tanto que la importación lo hizo en un 20%.

El 50% de los suministros de carne vienen de Brasil, en tanto que de la Argentina sólo el 6%. En 2016 la producción de carne vacuna en Rusia superó el millón y medio de toneladas, en tanto que la importación cayó a menos de 500.000 tn.

Hay algunas cifras elocuentes, suministradas por Rosbisneskonsalting, quizá la más importante consultora rusa sobre coyuntura de mercados, que permiten tener una idea cabal de la posición argentina en el consumo ruso de alimentos importados.

El top-ten de los países exportadores de carne a Rusia, a mediados de este año era encabezado por Brasil, con algo más de 152.000 toneladas colocadas, a un valor superior a los US$ 453 millones.

El 3er. lugar lo ocupa Paraguay, con algo más de 86.000 toneladas, a un valor de US$ 26 millones de dólares (se trata de carne para manufactura).

5to. está Chile, con 3.092 toneladas y un valor algo superior a los US$ 10 millones.
Le sigue Uruguay, que colocó 3.300 toneladas a un precio ligeramente superior a los US$ 9 millones.

Después está Colombia, con 2.500 toneladas y un valor de casi US$ 8 millones.

La Argentina ocupa el 8vo. puesto, con 2.000 toneladas a un valor de casi US$ 7 millones…

En pescados y frutos de mar, Chile ocupa el 2do. lugar en el ranking de exportadores, con 17.730 toneladas y un valor de US$ 135 millones. La Argentina está 8va. (básicamente merluza), con algo menos de 6.000 toneladas a un precio de poco menos de US$ 20 millones.

En frutas y bayas, la Argentina a mediados de este año había exportado a Rusia algo más de 74.000 toneladas a un valor de US$ 73,5 millones, en tanto que en el mismo período de 2014, la 
exportación fue de 120.100 toneladas con un valor de US$ 123 millones.

Un último ejemplo: a mediados de 2017 la Argentina había exportado a Rusia 3.300 toneladas de quesos por un valor de US$ 16,7 millones. En el mismo período de 2014, la cifra fue de 7.180 toneladas y el valor fue de US$ 34,58 millones.

Entonces, pues, ¿cuál y cómo debe ser el camino para devolverle a nuestro país las privilegiadas posiciones que en su momento supo tener en el mercado ruso de carnes, frutas y lácteos?
¿Podemos seguir pe nsando en que vamos a surtir de vuelta a esos mercados con nuestros productos?

En algunos casos, por ejemplo en frutas, eso puede ocurrir siempre y cuando nuestros productores se amolden a los requerimientos de los compradores rusos. Algunos de ellos, como Piatiórochkaestán listos para todo lo que tenga que ver con frutas y bayas. Otros, como en el caso de los lácteos, esperan un acomodamiento de precios que los iguale a los internacionales.
Los terceros, como en el caso de la carne, apuntan a concertar acuerdos sobre biotecnología y mejoramiento de razas más que a la provisión de carne para manufactura. Hay también “candidatos” para trabajar en todo el tema de sanidad animal.

En este abanico de posibilidades, la Argentina debería prever, en primera instancia, una metodología que la convierta en socia incuestionable en la política de suplantación de importaciones y en el diseño de tecnologías y metodologías apropiadas para consolidar la Doctrina de Seguridad Alimenticia que hace unos años redactara un equipo dirigido por el principal consultor alimentario del gobierno ruso y un gran amigo de la Argentina (y mío), el profesor Víktor Líschenko.

“Estamos destinados a cooperar en todo lo que ataña a la agroindustria –decía Víktor Líschenko-. Nuestras economías son simétricas y complementarias. Tenemos que sacar provecho de esto en un mundo que se nos hace cada vez más hostil con sus políticas de conquista de nuestras riquezas naturales”.

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