La mayor parte de la mejoría laboral publicitada es gasto público

MÁS MARKETING Y GASTO PÚBLICO QUE REALIDAD
El Ministerio de Trabajo publicitó ayer (30/08) que el nivel de empleo en blanco sumó en la mitad del año 31.300 nuevos puestos por todo concepto, pero resulta que como 15.600 corresponden a vacantes creadas en los Estados nacional, provincial y municipal y 6.000 fue personal tomado por contratistas de obras públicas, la Tesorería paga directa o indirectamente con gasto público el 77% del reempleo parcial que pregona como logro el gobierno. Los datos laborales acerca de la industria que denotaron 3.500 puestos caídos, cruzados con los del alza del 6,2% que arroja el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), siempre dentro del mismo período, plantean grandes interrogantes: ¿hubo mejora de la productividad? ¿canje de suspensiones o pagos de extras por horas trabajadas? ¿habrá sido con los robots que trajeron a fábricas metalmecánicas para bajar costos? Tampoco se entiende que el salario haya mejorado el 30,2% a junio, según el cálculo oficial, contra una inflación del 11,8% en el mismo lapso, y que el consumo siga presentando porcentajes negativos.
Gasto público.
Otra que grieta. A dos años de gestión, el gobierno de Mauricio Macri se maneja con las mismas praxis económicas que su antecesor de Cristina Fernández de Kirchner, pese a la mutua vituperación pública, en cuanto a que disponen discrecionalmente de los fondos del Estado para, eso sí, favorecer a amigos o los que se avienen a amancebarse, en detrimento de enemigos que se retoban.
 
Los datos oficiales sobre el empleo suministrados ayer (30/08) constituyen una flagrante contradicción entre lo que se discurseaba desde la Casa Rosada y lo que sucedía en verdad puertas adentro de los organismos y reparticiones estatales: se daba pour la galerie la sensación de achicamiento de la plantilla de personal cuando la realidad era que se estaba incorporando más gente, pero “del palo”, que la que se echaba. Desde la excusa inicial de limpiar kirchneristas ingresados de golpe en los últimos tiempos de CFK hasta distintos subterfugios informáticos utilizados desde el Ministerio de Modernización, a cargo del ex Socma, Andrés Ibarra, con un batallón de graduados en la Universidad de San Andrés, hicieron cundir la sensación de esterilización del gasto cuando se trataba de un mero recambio de grupos de afinidades que lo aumentaban.
 
En la estadística preelectoral “buena onda” que propagó el Ministerio de Trabajo de que el empleo en blanco creció 1,6% anual y 0,1% respecto de mayo por 31.300 incorporaciones, que en la serie desestacionalizada equivalen a 15.600 nuevos puestos en dependencias nacionales, provinciales y municipales. A la vista queda que el 57% del aumento de la nómina general engrosó la correspondiente al sector público. Pero como además las empresas privadas que ejecutan contratos de obra pública tomaron 6 mil (casi 20% de las nuevas adquisiciones), resultaría ser que el 77% de la mejora d e empleo publicitada se paga directa o indirectamente por Tesorería, la que a su vez es financiada con la bicicleta de las Lebacs o con los más de US$ 30 mil millones de deuda contraída en el exterior.
 
Se ve que muchos especialistas que presumen ser de derecha están entretenidos con el timbeo de la City o con alguna que otra prebenda recibida de la Casa Rosada para permanecer en silencio mientras un gobierno emparentado con esa corriente ideológica apela a prácticas populistas embozadas y confunde derrame de endeudamiento que practica con el de inversión que le es esquivo. Resulta ahora que esa mano derecha en la economía vacía de voceros ha sido ocupada ahora por Cristina Fernández de Kirchner, con letra de un apologista por izquierda de Ernesto Laclau, como Axel Kicillof, y sale a criticar la falta de inversiones, que fue uno de los males de ausencia de su gestión.
 
El oscuro semblante estadístico acerca del emp leo figura camuflado: se perdieron 3.500 puestos de trabajo en la industria manufacturera, la mayoría en sectores del calzado, textiles y alimentos; lo mismo que en explotación de minas y canteras (que engloba la perforación petrolera) se resignaron otros 4.500 puestos. 
 
La obra y la burocracia, las mayores fuentes de trabajo
 
Suman así 8 mil menos afectados a la producción, en contraste con la mejoría de 10.100 monotributistas más (incluidos los de la clasificación social), o sea cuentapropistas “precarizados” y de 1.300 de personal doméstico, en muchos casos “blanqueado” por el control que ejerció la AFIP.
 
La cartera laboral destacó que, a junio, el sector público incrementó su nivel respecto al mismo mes del año pasado en 42,6 mil puestos y el privado en 103,9 millones, de cuyo desagregado surge que 11 de los 14 sectores de la economía tuvieron el vector hacia arriba: la construcción incorporó a 38.700 trabajadores (en su gran mayoría para ejecutar inversión pública), comercio 11.600 y servicios sociales y de salud, 9.800.
 
En resumidas cuentas, el empleo privado en relación de dependencia repuntó en junio 50.100 puestos respecto del mismo lapso de 2016, pero sigue 26.400 debajo de la marca alcanzada en idéntico mes del último año de gobierno de CFK, en 2015.
 
Si los indicadores de empleo hubieran reflejado la performance que surge del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a junio, el 6,2% positivo que dio la industria manufacturera tendría mínimamente que haberse trasladado a la creación de puestos y no a la pérdida neta de 3.500 que arrojaron los datos comparados contra el mismo mes del año anterior.
A los funcionarios, más ocupados en escarbar buenas noticias en las estadísticas con la lín ea bajada por el edulcorado monitor que elabora el Ministerio de la Producción y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, ordena distribuir por todo Cambiemos, se les escaparon las informaciones que venía difundiendo la prensa, hasta la propia amiga, de los conflictos laborales que se creaban por la desigual competencia a la que fue sometida la industria local más ligada al consumo por el atraso cambiario y la exacción fiscal.
 
Ahora parece haber reaccionado el gobierno con los números puestos sobre la mesa y presenta un proyecto de ley para reactivar bajar impuestos a esos sectores que venían siendo castigados por la caída del consumo y la invasión de productos fabricados en otros países en condiciones mucho más favorables, sea a través de contenedores que llegan a la Aduana o por el abastecimiento hormiga que se consuma detrás de las fronteras con Chile y Paraguay. Muchas pymes dedicadas a la ropa y el calzado cerraron, otras despidieron persona l y las que sobreviven, gracias a la campaña electoral, se ilusionan de ser tenidas en cuenta.
 
Pero subsiste una incongruencia entre estadísticas en el “making off” del repunte del 6,2% en el indicador industrial de junio: ¿se habrá hecho con horas extras, interrupción paulatina de las suspensiones programadas, o habrán sido los robots que incorporó el rubro metalmecánico?
 
Chi lo sa. La secuencia que desarrolla el informe de la cartera laboral para explicar el crecimiento de 186.400 puestos de trabajo que daría la comparación junio-junio es el siguiente: "En el 1er semestre de 2016, el número de trabajadores registrados creció a un ritmo de 2,3 mil promedio mensual, en el 2do semestre fue a un ritmo de 13 mil trabajadores y en el 1er semestre de 2017 el ritmo se siguió acelerando a 17,8 mil trabajadores", afirma.
 
En sintonía un poco más fina, analiza que, si bien durante los 1ros meses de 2017 se observaba que la categoría de empleo que más crecía era el monotributo y el monotributo social, en mayo y junio se ve un cambio de tendencia, con una suba del empleo asalariado por encima del autoempleo.
 
Más allá de estas interpretaciones, todos estos movimientos en la actividad traducidos en los efectos conducentes, que son los salarios, dan que a junio la remuneración promedio del sector privado (incluyendo aguinaldos y otros conceptos estacionales) creció 31,6% respecto del mismo mes del año anterior, y la mediana alcanzó el 31,7%. En plata, $34.251 la superior y $27.938 la media.
 
Entre enero y junio habían subido el 30,2% y 29,2%, respectivamente, contra 11,8% que acumulaba en ese período la inflación a nivel nacional.
 
Al igual que sucede cuando se parangonan los números de actividad industrial y empleo, tampoco las escuálidas cifras del consumo coinciden con la mejora d el salario que transmiten los informes de la cartera laboral.

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