Las Pymes, asfixiadas porel control a las importaciones

Envalentonado por el boom del consumo, a principios de 2011 un tradicional fabricante de bicicletas en Córdoba toma un crédito del propio Ministerio de Industria e invierte $ 2.000.000 para duplicar el tamaño de su planta y de sus trabajadores. Con faltantes desde hace un mes, tiene líneas de producción paradas y despidió al personal contratado. 
Endulzado por la mismísima presidenta Cristina Kirchner por su esfuerzo para sustituir importaciones un tiempo atrás, el empresario autopartista cierra tratos con las primeras marcas de automóviles europeos. Actualmente no puede completar los envíos porque tiene insumos claves parados en la Aduana. 
Ilusionados por la reactivación económica, en 2005 dos emprendedores deciden montar su propia red de concesionarios de motos. Abren cinco locales y contratan a una quincena de empleados. Hoy casi no reciben nuevas unidades para vender y facturan un 80% menos que el año pasado.
"¿Seducidos y abandonados?", "¿Atrapados sin salida?" ,"¿Y dónde está el piloto?" De final incierto, la película todavía no tiene nombre. Con respecto al director del film, seguramente habría que buscarlo por la Secretaría de Comercio. Algo es seguro, espectadores no faltarían: desde pequeños comerciantes a grandes empresarios, todos desesperan por conocer el desenlace de la historia.
Sucede que, en tiempos de sintonía fina, el cerrojo a las importaciones está afectando a dos sectores que crecieron al calor del trato privilegiado del gobierno nacional y emergieron como pilares de modelo económico kirchnerista: el industrial y el Pyme. Ya sea por convencimiento genuino o por genuflexión ante las presiones del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en los últimos años estas empresas aceptaron las reglas de juego: invirtieron en el país, sustituyeron importaciones y exportaron para equilibrar sus balanzas comerciales. 
Sin embargo los controles indiscriminados a las importaciones -que se incrementaron a partir del nuevo régimen que implementó el gobierno nacional y que entró en vigencia el pasado 1° de febrero- parecen estar asfixiando a empresarios y emprendedores. Y a medida que el viento cambia de dirección, los elogios se transforman en críticas. Algunos murmuran por lo bajo mientras el agua les sube a la cintura. Otros, a punto de ahogarse, piden auxilio a gritos. 
"Nosotros acompañamos todo el proceso desde 2004. Hace unos años atrás, cuando se empezaron a restringir las importaciones, se informó que Moreno exigía el 1 a 1 en importación o bien inversiones en el país. Entonces sustituimos importaciones en todo lo que pudimos e hicimos inversiones: instalamos cuatro fábricas. La realidad es que hoy, después de invertir y de pasar de 40 a más de 200 empleados, tenemos la planta parada y ya comenzamos con las suspensiones", resume un empresario del conurbano bonaerense a El Cronista WE, no sin antes suplicar un estricto off the record.
EL CEO de una pujante empresa del sector automotriz todavía no sale de su asombro: el 80% de su producción lleva componentes nacionales y apenas necesita un 20% de insumos, por exigencia de sus propios clientes a quienes les exporta. Pero el hombre, fiel exponente del credo industrial kirchernista, tiene trabadas esas piezas. Su otro problema es el tipo de cambio: así las cosas, su empresa está exportando a pérdida. Pero al igual que otros fabricantes, lo sigue haciendo para mantener la relación con sus clientes internacionales.
Comentarios similares comienzan a escucharse en sectores como el siderúrgico, el tecnológico y el de fabricación de indumentaria. Días atrás, el brasileño Grupo Dass, que fabrica zapatillas para FILA, Converse y Umbro, tuvo que suspender a 200 empleados en su planta de Misiones por falta de insumos. La ministra de Trabajo de la provincia, Claudia Gauto, se salió de libreto y dijo: "No se entiende que el mismo Gobierno que financió la pasantía de 600 jóvenes en la fábrica hoy la ponga al límite de la suspensión",
"La paradoja es que muchas de estas empresas decidieron producir en la Argentina, muchas de ellas a pedido de Moreno para mantener la balanza comercial, y por falta de los insumos que controla el propio Moreno se les termina parando la producción", analiza un experto en Comercio Exterior que es consultado a diario por empresarios y que también ruega anonimato para proteger a sus clientes.
Al mover el foco de las grandes empresas a las Pymes, queda en evidencia una segunda paradoja: a quien más mella le hace el cerrojo importador es a las pequeñas y medianas empresas, las mismas que el gobierno nacional se enorgullece de impulsar y proteger. Mientras que los grandes industriales cuentan con distintas herramientas de presión y lobby, diálogo frecuente con los altos funcionarios nacionales y espalda suficiente para manejar stocks escasos, las Pymes no encuentran interlocutor y sufren al instante la falta de insumos.

En una rueda
Uno de los casos más emblemáticos entre las viudas del modelo es el de los fabricantes de bicicletas. Luego de virtualmente desaparecer ante el desembarco de las bicicletas chinas en la década del ‘90, el sector aprovechó los incentivos destinados a la producción nacional a partir de 2003 y resurgió de las cenizas. "Un 99% de las 1.800.000 bicicletas que se vendieron en 2011 fueron fabricadas o ensambladas en el país", explica Claudio Canaglia, presidente de la Cámara Argentina de Comercio e Industria de la Bicicleta. Y agrega: "Eso representa una facturación de $ 2100 millones, mientras que sólo se importó el 10% de esa cifra".
Sin embargo, y pese a seguir las instrucciones al pie de la letra, el cerrojo cayó sobre las bicicletas. Contenedores de piezas fundamentales para el ensamblado como piñones o cambio de marchas -que solamente se fabrican en Asia- no ingresan al país y los empresarios hacen malabares con el stock remanente para no parar la producción. "Con que falte una pieza, el producto no está terminado y no se puede vender", se lamentan a coro en el sector. "Lo peor es que no hay canal de diálogo, nadie responde los mails ni los llamados. Y no tenemos un número de expediente para seguir cada caso de importación observada", se quejan.
"Invertimos $ 2.000.000 para una nueva línea de maquinaria de ensamblado y duplicamos el tamaño de la planta con la intención de en 2012 crecer un 20% en producción. Si hubiera sabido que iba a pasar esto a partir del 1 de febrero, no me ponía a invertir ni loco", reconoce Enrique Españon, fabricante cordobés. Su empresa tuvo que recortar personal y en los próximos días entrará en procedimiento preventivo de crisis. "Estamos rascando el tarro, maestro", ilustra el empresario.
Adrian Aparicio es socio gerente de MG Bikes, una red oficial de concesionarios de motos Yamaha. Allá por 2005 junto a un amigo previeron el boom de las motos y abrieron cinco locales. El año pasado, Yamaha Motors Argentina les asignaba 180 unidades por mes, muchas de ellas de alta gama. Hoy deben luchar para que les lleguen 20 motos de baja cilindrada. "Estamos trabajando a pérdida. No estamos cubriendo los gastos operativos y facturamos un 80 y un 90% menos que el año pasado. Esta situación la podemos mantener dos meses más a lo sumo", dice Aparicio.
Las desinteligencias y los problemas de gestión en el sistema de control, coinciden los empresarios afectados, se agudizaron a partir de que los controles salieron de la órbita del Ministro de Industria y pasaron a la Secretaría de Comercio el 10 de diciembre pasado en el inicio del segundo mandato de CFK. "El equipo de Débora Giorgi venía trabajando históricamente en estos temas, en cambio el de Moreno se hizo cargo, como el mismo dice, con un equipo de ocho personas", explica otro especialista en Comercio Internacional. Y agrega: "Más allá de la buena voluntad, nadie puede controlar todas las 6000 empresas exportadoras de la Argentina y los 75.000 millones que importan".

Puntada sin hilo
En 2007, la marca de indumentaria italiana Ermenegildo Zegna invirtió u$s 3.000.000 en su plan de expansión en la Argentina. La apuesta incluyó la apertura de su tienda insignia, en la Avenida Alvear. Hoy la boutique permanece "temporalmente cerrada". ¿La explicación? "Debido a las publicadas restricciones de importación", afirman ante la consulta de El Cronista WE.
Es claro que las principales marcas internacionales no están dispuestas a dar puntada sin hilo. Calvin Klein fue la última en anunciar su cese de operaciones en la Argentina por no poder ingresar sus productos. Pero no es la única: al menos dos marcas globales de indumentaria de primera línea están analizando irse del país si persisten las condiciones actuales.
Lejos parecen éstas y otras empresas globales de cumplir con el ya célebre "1 a 1" (por el sistema de microbalanzas en el que se obliga a exportar un dólar por cada otro que ingresa) que exige la Secretaria de Comercio. "Produzcan en el país", ofrecen como solución los funcionarios. Pero por más que sus casas matrices vieron con agrado la idea de invertir en un país sin ventajas competitivas para la producción textil, se encontrarían con inconvenientes para cumplir con sus estándares de calidad mundiales. "Tienen normas de calidad fijados internacionalmente, relacionados con recursos humanos calificados, tecnología y procesos que acá no existen. El problema en este caso ni siquiera son los costos", analiza una fuente del sector.
Entre los gastronómicos, las quejas están a punto entre los más gourmet. A la crisis del salmón, - el bizarro episodio que involucró a Moreno con los restaurantes de alta cocina y disparó una corrida entre los amantes de sushi ante la escasez del pescado proveniente de Chile- se le suman complicaciones para el acceso a materia prima. "Esta semana mi proveedor del Mercado Central me llamó para venderme 50 kilos de bananas porque dicen que van a reemplazar las bananas ecuatorianas por las de Salta", cuenta el renombrado chef Dante Liporace, a cargo de los fuegos de Tarquino, un restaurante de alta cocina en Recoleta. Y agrega: "Las bananas argentinas son como chupar una servilleta: no tienen gusto a nada. Hoy cuando armamos la carta tenemos que andar preguntándole a cada proveedor si nos van a asegurar el producto. El sistema me obliga a comprar en cantidad por el riesgo de que después no haya o sea malo".
De postre, una escena agridulce: un emprendedor gastronómico que hace apenas cuatro importaciones anuales por menos de u$s 10.000, desesperaba porque sus cajas estaban paradas en la Aduana. Hasta que recibió un llamado desde la Secretaría de Comercio Interior que lo sorprendió:
- Habla Guillermo Moreno. ¿Cuánto importás vos?
- No tengo un monto fijo, es un producto gourmet que voy pidiendo…
- ¿Cuánto importás?
- Digamos 10.000 dólares.
- Bueno, entonces podemos hacer una excepción. Chau. Un abrazo.


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