ESTANFLACIÓN: CON ESTA EMISIÓN CFK NO TIENE FRENO



Gasto público y déficit fiscal K. (Fuente Economía & Regiones).

Informe de Economía & Regiones. 

En el siglo XX la inflación fue el problema macroeconómico más importante de Argentina. La inflación se acelera cuando el BCRA emite más. En este sentido, sólo basta mencionar que entre 1914 y 1984 el coeficiente de correlación entre la inflación observada y la diferencia entre emisión monetaria y tasa de crecimiento del PBI5 (inflación estimada) fue 0,97, corroborando que la inflación tiende a ser igual al exceso de emisión monetaria por encima de la tasa de crecimiento del producto.
 
A su vez, se aprecia como entre 1975 y 1984 se aceleró marcadamente la inflación. En aquellos años el déficit fiscal, el resultado negativo de las empresas públicas y el déficit cuasi fiscal del BCRA fue financiado en forma creciente con emisión monetaria. Cuanto más se emitía por arriba del crecimiento del PBI real, más crecía la inflación. Si encima la gente se desprendía rápidamente de esos pesos y huía hacia el dólar, la velocidad de circulación del dinero aumentaba y el proceso inflacionario se retroalimentaba. 
 
De hecho, entre 1975 y 1984 la tasa de crecimiento de M1 (N. de la R.: el dinero que circula en la economía, sumando los depósitos en cuenta corriente y cajas de ahorro, es decir, las cantidades que los ciudadanos tienen facilmente accesible para gastar) promedió 218% y la inflación anual 248%. 
 
Paralelamente, hubo aceleración de la velocidad de circulación del dinero y la tasa de crecimiento del PBI promedio 0.2% anual.
 
Hay que tener en cuenta que el BCRA suele emitir más cuanto mayor es el déficit del sector público. Justamente, la aceleración del aumento del nivel general de precios, la elevada inflación y la híper inflación coinciden con el aumento del déficit fiscal crónico.
 
Entre 1970 y 2002 hubo el déficit fiscal crónico. Esto es, un Estado que sistemáticamente gastó más de lo que recaudó. Y esta diferencia se financia con emisión monetaria a costa de generar inflación (en la mayoría de los años) o con deuda a costa de comprometer los ingresos netos futuros del sector público (durante la Convertibilidad). 
 
Nuestra historia económica se encuentra plagada de ambas situaciones:
 
> Hasta principios de la década del '70, la inflación era relativamente alta, empujada por déficits cercanos al 1.5% del producto. Con la escalada del déficit en el año '75 experimentamos nuestra primera crisis inflacionaria (relativamente baja en comparación con las hiperinflaciones posteriores). Con la escalada en 1985 experimentamos la segunda; y la tercera crisis vino en el ‘89.
 
Finalmente, la reducción de la inflación en el ‘91, con la convertibilidad, es coincidente con los dos únicos años ('92 y '93) en todo el periodo, de superávit fiscal. Probablemente sin superávit, la convertibilidad habría tenido el mismo éxito que el Plan Austral de 1985. Sin embargo, los déficit que vinieron a partir del ‘94, fueron financiados con deuda, una vez que el plan Brady estuvo en marcha. Así llegamos a la crisis de la deuda del 2001.
 
> Desde el 2003 al 2008, la actual administración supo conseguir un superávit fiscal elevado en torno al 3% PBI. Se redujo en 2009 y 2010, pero en este último año alcanzó para pagar los intereses.
> Desde 2010, es el Banco Central el principal soporte financiero del Gobierno Nacional, a través de 3 instrumentos: 
 
** la distribución de utilidades contables, 
 
** el uso de las reservas internacionales para el pago de deuda en moneda extranjera, y 
 
** los adelantos transitorios, siendo este último instrumento junto al primero, lisa y llanamente emisión monetaria.
 
En 2012 el Tesoro recibiría casi $105.000 millones (4.2% del PIB) de parte del BCRA, lo cual cubriría el 60% de las necesidades brutas de financiamiento. Se observa la intensificación de la asistencia financiera del BCRA desde 2010 a la fecha, con el consecuente deterioro del balance del Central, cuya cartera de activos se ha ido atestando de títulos públicos nacionales. A modo de comparación, se puede señalar que el volumen prestado en 2012 equivale a 2 meses de recaudación tributaria y al 28% del stock de préstamos de las entidades financieras al sector privado.
 
Para 2013 no prevemos que el BCRA emita menos para financiar al Tesoro que lo que lo hizo en 2012. Por el contrario, proyectamos que en 2013 la emisión del BCRA para financiar al Tesoro aumentaría en relación al año pasado; de ahí que pensamos que la inflación se aceleraría algunos puntos porcentuales. 
 
Puntualmente en números: 
 
i) en el caso de las utilidades, se prevé un flujo cercano a los $20.000 millones, casi un 125% más que en 2012
debido a la aceleración del ritmo devaluatorio; 
 
ii) en el caso de las Reservas, si bien no se gatillará el pago del Cupón PBI, se transferirán casi US$ 8.000 millones, de los cuales US$ 5.000 millones se destinarán a vencimientos de deuda y el resto (probablemente) a capitalizar YPF; y 
 
iii) el stock de adelantos transitorios, de mantenerse vigente la ampliación del límite de financiamiento, podría llegar hasta los $226.000 millones en diciembre de 20137, lo cual constituiría un aporte adicional de casi $100.000 millones respecto al stock actual.
 
De este modo, según el límite que permite la Carta Orgánica vigente desde marzo de 2012, el BCRA podría aportar hasta $160.000 millones al fisco, de los cuales $120.000 millones tienen impacto inflacionario.
 
En resumen, la historia parece repetirse y volvemos a la encrucijada que nos exige financiar el déficit con deuda o emisión. 
 
El gobierno no sólo ha elegido la segunda opción, sino que también ha optado por llevar a cabo una política de desendeudamiento que reprime la posibilidad de aumentar el stock de deuda con el exterior. Todo redunda en que la política monetaria tiene cada vez menos grados de libertad y su objetivo principal es monetizar los déficits fiscales. Por ende, todo indica que debemos esperar una aceleración inflacionaria para los próximos períodos.

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