“El cepo consolidó la idea de que faltan dólares”

ROGELIO FRIGERIO (N)

SALTA (El Tribuno).
Rogelio Frigerio (n) es economista y legislador porteño del PRO. Fue elegido por el propio Mauricio Macri para presidir la Comisión de Presupuesto de la Legislatura porteña. Él dirige, además, la consultora Economía y Regiones, ubicada a metros de la Plaza de Mayo. Frigerio opinó, en diálogo con El Tribuno, que “la inflación es la madre de todos los problemas y es ninguneada permanentemente por esta administración”. El economista pronosticó además que mientras no se perciba que el Gobierno nacional se ocupa del problema de la inflación, “el drenaje de divisas va a seguir, con cepo cambiario o sin él”.
--¿Cómo ve el panorama tras las restricciones al dólar?
-El cepo dispuesto por el Gobierno para intentar frenar el drenaje de divisas complicó la posibilidad de los ahorristas para hacerse de dólares, pero consolidó entre la gente la idea de que faltan dólares y que, por esa razón, la posibilidad de que el tipo de cambio caiga. La gente va al dólar básicamente por dos motivos que, a su vez, están vinculados: el dólar oficial está barato (no el de Aníbal Fernández a $5,10 o el “blue” a $6, que son tan difíciles de conseguir como el kg de pan a $3 y el kg de asado a $10) y lo más probable es que en el futuro su valor aumente. Por otro lado, es un pésimo negocio quedarse en pesos porque todos los días la inflación erosiona su poder de compra y, la alternativa de colocar los ahorros en moneda nacional a plazo fijo, con tasas de interés reales negativas, tampoco es muy atractiva. Mientras no percibamos que el Gobierno nacional se ocupa del problema de la inflación, el drenaje de divisas va a seguir, con cepo cambiario o sin él.
-Hay sectores del Gobierno que todavía se resisten a reconocer que hay inflación...
-La inflación es la madre de todos los problemas y es ninguneada permanentemente por esta administración. Por más crecimiento que haya, con inflación es imposible tener un modelo de inclusión social como el que se pregona. Además, la inflación se comió el único pilar de este modelo “productivo”: un tipo de cambio competitivo, o dólar caro, que es lo mismo. Y de la mano del abaratamiento del dólar, el sector industrial (que no generó competitividad sistémica en todos estos años de bonanza) no crea empleos nuevos desde hace más de 3 años. Mientras el Estado fue solvente pudo disimular en este último tiempo estas falencias, suplantando a los privados en la generación de puestos de trabajo. Sobre todo en las provincias que vieron incrementar su gasto en personal de manera muy significativa. Pero las provincias (los municipios) se vienen haciendo más pobres desde hace rato, junto con el empobrecimiento institucional del federalismo en nuestro país. Así vemos cómo, sobre todo en el interior de la Argentina, crecen las suspensiones y la eliminación de horas extras, mientras se enfría de manera acelerada el nivel de actividad.
-¿Por qué si todo aparentaba estar más o menos calmo, se complicó, primero con el tema dólar y luego con los paros y otras demandas gremiales y sectoriales?
-A pesar de que algunos ya pronosticaban hacia fines del año pasado un escenario de estanflación, es decir, una combinación de recesión con inflación alta, ese parecía ser el peor escenario. La aceleración del deterioro de la economía en estos últimos meses es atribuible exclusivamente a la mala praxis del Gobierno y su negativa a asumir los problemas y su soberbia para encarar los conflictos. Hoy, aquel pronóstico de estanflación pasa a ser una realidad concreta. La economía se enfría de manera acelerada y la inflación, lejos de enfriarse, está un escalón por encima de la de 2011, que fue todavía un año de crecimiento.
-¿La Argentina tiene capacidad para sustituir importaciones por productos nacionales?
-Este modelo no pudo diversificar su matriz productiva y depende de manera creciente de insumos y maquinaria importada para producir bienes industriales. Las trabas a las importaciones no tuvieron una finalidad vinculada con una política sectorial. Se impusieron para evitar la salida de divisas y contar con los dólares necesarios para los compromisos de deuda. De hecho, lejos de ayudar al sector industrial, terminó siendo otro elemento que contribuye a la desaceleración económica.
-¿El nuevo plan de viviendas del Gobierno solucionará la crisis habitacional del país?
-El plan de viviendas es más una reacción espasmódica que una estrategia inteligente para solucionar un problema habitacional que involucra a más de 2 millones de compatriotas.Difícilmente se pueda avanzar mucho en este sentido, dada la limitación de gestión que ha demostrado esta administración. Asimismo, tampoco es muy defendible utilizar los ahorros de los futuros jubilados para subsidiar un programa de viviendas.
-¿Hasta cuándo el Gobierno podrá seguir utilizando los fondos de la Anses?
-La posibilidad de utilizar los fondos de la Anses (junto con el BCRA) de manera discrecional para actuar como proveedor de todas las iniciativas oficiales tiene un límite. Y nos estamos acercando ya a esa restricción.
-Sigue siendo una ventaja argentina mantener el enfoque pro-soja? ¿Y qué hay acerca de la relación con Brasil?
-La soja y Brasil funcionan como un “pulmotor artificial” de este modelo. El mundo, lejos de habérsenos caído encima, nos sigue ayudando. Para un modelo que se recuesta en la exportación de productos primarios, tener la tonelada de soja encima de US$ 500 es una bendición. Brasil, aún con problemas derivados de la crisis internacional, mantiene una relación cambiaria muy ventajosa para nuestro país. Sobre lo que puede suceder si Brasil devalúa o si se complica la balanza comercial con Argentina, una devaluación de nuestro principal socio comercial solo empeoraría aún más las perspectivas para la economía argentina, sobre todo para el sector industrial, que depende en gran medida de lo que pasa en Brasil. Nuestro vecino va a devaluar si la crisis internacional lo obliga a hacerlo, pero no estaríamos cerca de una megadevaluación del real. Es probable que hacia fines de año Brasil recupere un ritmo de crecimiento más importante, dándonos una mano a los argentinos. El problema es que con Brasil, como con la soja, la Argentina se volvió adicta. Y como todo adicto, necesita dosis crecientes de esa droga para no desestabilizarse. Ya no hay precio de la soja o Brasil que le cierre a este modelo. Siempre necesita más. Y, si bien el mundo no se nos cayó encima, es cierto que el viento de cola no sopla con la fuerza de antes”.

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