LA ECONOMÍA SERÁ EL GRAN ELECTOR EN OCTUBRE

Informe de ECONOMÍA & REGIONES

El bolsillo es un elector de enorme poder. Cuando el nivel de actividad económica es bueno, los candidatos del gobierno de turno suelen ser favorecidos por el voto popular. Cuando el crecimiento económico es pobre o negativo, la cantidad de votos de los partidos de la oposición suele crecer. Un buen contexto macroeconómico puede suavizar el normal desgaste que provoca muchos años en la administración y amortigua el efecto negativo de las malas políticas sobre el resultado electoral. Un mal escenario económico potencia el rechazo electoral por el desgaste de ejercer la administración y profundiza el impacto negativo de las malas políticas sobre el caudal de votos. En junio 2013 el nivel de actividad presenta una tasa de crecimiento interanual del 2.1% y una variación acumulada en los últimos 12 meses de -0.2%. En este escenario, en las elecciones primarias del domingo 11/08 y teniendo en cuenta sólo lo nacional, el oficialismo obtuvo el 27,5% de los votos a senadores y el 26,31% de los votos a diputados. Este resultado muestra que el oficialismo perdió casi 4 millones de votos, la mitad de la sangría provino de la provincia de Buenos Aires. Y en octubre sería peor.

 
El escenario 2013 cambió para peor y la actual tasa de crecimiento no alcanza para tapar ningún síntoma negativo. Puntualmente, en un contexto de deterioro estructural macroeconómico creciente, las equivocadas decisiones de política económica, principalmente el cepo cambiario, enfriaron fuertemente el nivel de actividad en Argentina. En este marco, el anémico crecimiento de 2012 (+1.4%) y 2013 (+2.5%) no sólo no sirve para contrarrestar el deterioro estructural macro de nuestra economía y el desgaste de la imagen del gobierno, sino que lo potencian fuertemente. Es decir, tanto lo coyuntural como lo estructural de nuestra economía juegan en contra de la imagen y del caudal de votos del oficialismo. Los problemas estructurales sin resolver y las inconsistencias de política económica aumentan, atentando contra las expectativas positivas, la inversión y por ende contra la generación de puestos de trabajo genuinos en el sector privado y la tasa de crecimiento del nivel de actividad.
 
Por el contrario, cuando el crecimiento económico es pobre o negativo, la cantidad de votos de los partidos de la oposición suele crecer. A su vez, un buen contexto macroeconómico puede suavizar el normal desgaste que provoca muchos años en la administración y amortigua el efecto negativo de las malas políticas sobre el resultado electoral. 
 
Por el contrario, un mal escenario económico potencia el rechazo electoral por el desgaste de ejercer la administración y profundiza el impacto negativo de las malas políticas sobre el caudal de votos.
 
En octubre de 2007 la tasa de crecimiento de la economía1 ascendía a 10.9% interanual (9.1% en el acumulado de los 12 meses) y en las elecciones para elegir Presidente de la Nación CFK obtuvo el 45,29% de los votos, resultando de ese modo elegida Presidenta de la Nación en primera vuelta con mucha ventaja sobre el segundo, que apenas supero el 23% de los sufragios. Obtuvo 78 diputados, ganando 13 bancas para obtener mayoría absoluta (153).
 
En junio 2009 el nivel de actividad registraba una variación interanual negativa de 5.9% (-2.7% en el acumulado de los 12 meses). En ese marco, en la elección para renovar la mitad de los diputados, los candidatos del gobierno obtuvieron el 31.2% de los votos. El oficialismo perdió 29 bancas.
 
En octubre 2011 se realizaron las elecciones presidenciales junto a las elecciones legislativas.
 
En ese momento, el nivel de actividad económica crecía a un ritmo de 6.8% interanual y 8.3% en el acumulado de los últimos 12 meses, de acuerdo al Indice Sintético de Actividad Económica de E&R (ISAE E&R). CFK resultó reelecta la Presidenta de la Nación con más del 54% de los votos y por una diferencia de 38 puntos porcentuales con respecto al candidato que salió en segundo lugar. En la esfera parlamentaria se renovaban 130 cargos de diputados y 24 de senadores. El oficialismo obtuvo 50 diputados y 16 senadores, lo cual implicó perder un solo diputado y mantener sin cambios la cantidad de senadores que poseía previo a los comicios.
 
En junio 2013 el nivel de actividad presenta una tasa de crecimiento interanual del 2.1% y una variación acumulada en los últimos 12 meses de -0.2%. En este escenario, en las elecciones primarias del domingo pasado y teniendo en cuenta sólo la esfera nacional, el oficialismo obtuvo el 27,5% de los votos a senadores y el 26,31% de los votos a diputados. Este resultado muestra que el oficialismo perdió casi 4 millones de votos, la mitad de la sangría provino de la provincia de Buenos Aires.
 
De hecho, el índice de confianza del gobierno, que elabora la UTDT (Universidad Torcuato Di Tella), va “de la mano” del nivel de actividad económica e impacta en el resultado del oficialismo en las elecciones. En épocas de “vacas gordas” y fuerte confianza en el gobierno se dan buenos resultados electorales para el oficialismo. Ocurre lo contrario, en épocas de “vacas flacas.
 
Está claro que el resultado electoral que obtuvo el oficialismo en las recientes elecciones se explica, en parte, por el entorno macroeconómico negativo y el anémico crecimiento y por el propio desgaste que genera estar en el poder durante diez años. Es más, en estas elecciones el deterioro macroeconómico potenció el desgaste del gobierno frente al electorado, quitándole un importante caudal de votos.
 
El entorno y el crecimiento macroeconómico anémico, creemos que son variables más relevantes que el desgaste del ejercicio del poder, para explicar el mal resultado electoral del oficialismo. Es decir, un buen entorno macro y una economía creciendo vigorosamente suele postergar en el tiempo el desgaste del ejercicio del poder. Por el contrario, problemas estructurales sin resolver, bajo crecimiento, falta de generación de empleo genuino como alta y creciente inflación suelen adelantar en el tiempo y potenciar el desgaste del ejercicio del poder.
 
Inclusive, hilando más fino, se pude concluir que el crecimiento económico puede ser en ocasiones más importante que el entono macro. Es decir, un buen crecimiento económico puede “tapar” el deterioro macro y amortiguar sus efectos negativos sobre el caudal de votos del oficialismo. De hecho, esto fue lo que sucedió en las elecciones presidenciales de 2011.
 
En aquel momento, el fuerte rebote del nivel de actividad le permitió al gobierno nacional ganar las elecciones en 2011, porque logró contrarrestar el desgaste del ejercicio del poder y el creciente deterioro del entorno estructural macroeconómico argentino: inflación en aumento, déficit fiscal creciente, deterioro del balance del BCRA; emisión monetaria creciente para financiar el déficit fiscal, aparición del déficit comercial energético, fuga de capitales crecientes que trepó a más de US$ 21.000 millones en 2011, trabas a las importaciones (mayo 2011); etc.
 
Sin embargo, el escenario 2013 cambió para peor y la actual tasa de crecimiento no alcanza para tapar ningún síntoma negativo. Puntualmente, en un contexto de deterioro estructural macroeconómico creciente, las equivocadas decisiones de política económica, principalmente el cepo cambiario, enfriaron fuertemente el nivel de actividad en Argentina. 
 
En este marco, el anémico crecimiento de 2012 (+1.4%) y 2013 (+2.5%) no sólo no sirve para contrarrestar el deterioro estructural macro de nuestra economía y el desgaste de la imagen del gobierno, sino que lo potencian fuertemente. Es decir, tanto lo coyuntural como lo estructural de nuestra economía juegan en contra de la imagen y del caudal de votos del oficialismo.
 
Los problemas estructurales sin resolver y las inconsistencias de política económica aumentan, atentando contra las expectativas positivas, la inversión y por ende contra la generación de puestos de trabajo genuinos en el sector privado y la tasa de crecimiento del nivel de actividad. 
 
Lo más probable sería que el gobierno no modifique sus políticas, sino que las intensifique aún más, por lo que los problemas estructurales y las inconsistencias de política seguirían en aumento.
 
Paralelamente, lo más probable es que la soja y Brasil comiencen a jugar menos a favor que en el pasado, por lo que el escenario económico internacional no tendría capacidad de contrarrestar los problemas económicos domésticos y no contribuiría a ponerle un elevado piso a la tasa de crecimiento doméstico. Es decir, tanto el escenario económico internacional como doméstico contribuirían a que la tasa de crecimiento del nivel de actividad continúe siendo anémica en 2013/2015.
 
De hecho, estimamos que lo más probable sería que la tasa de crecimiento se ubicara en torno a 2.5% (2013); 1.8% (2014) y 1.5% (2015), por lo que el nivel de actividad no tendría capacidad ni de revertir, ni de amortiguar los efectos negativos del deterioro estructural macro y de la imagen negativa del gobierno en el electorado. 
 
Por consiguiente, sería probable que los resultados electorales del oficialismo no fueran buenos en octubre 2013 y en 2015.

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