Informe del Estudio Massot & Monteverde

El frente cambiario arrincona al modelo:
 
 A partir del momento en que formulamos nuestro primer alerta, en abril de 2011, sobre la evolución de la caja de divisas y el frente cambiario, el dólar torció el rumbo descendente en términos reales que hasta ese momento mantenía y la suba se fue acelerando sin pausa.
 
 En aquel momento el dólar rondaba los $ 4, un valor similar —levemente inferior— al que había tocado en tiempos de Duhalde; hoy se ubica en $ 9,42.
 
• Quienes atendieron aquella primera advertencia, han obtenido un rendimiento de 136%, por lejos la mejor inversión para efectuar en la Argentina.
 
 Quienes esperaron a abril del año pasado —en que reanudamos nuestra advertencia, con el dólar ya en $ 5,41— acumulan una rentabilidad de 74% que arroja un promedio de 4,7% mensual.
 
 De todas formas, el mayor rendimiento fue para las compras de las últimas semanas, cercano a 15% mensual.
 
 La suba del índice Merval en lo que va del año no responde a la rentabilidad empresaria, ni mucho menos a una mejora del entorno, sino a la suba del dólar implícito en esos activos financieros.
 
 En la medida que el cepo cambiario se fue volviendo más estricto, se elevó marcadamente la correlación del índice accionario con el dólar paralelo (billete) y con el contado con liquidación.
 
 Las acciones —lo hemos señalado en otras oportunidades— constituyen una vía alternativa para dolarizarse.
 
• La presión sobre el mercado cambiario es producto de múltiples causas, entre las que se destacan el avance sobre los derechos y garantías civiles, la pérdida de reservas acompañada de una emisión monetaria desbocada —por ahora en 37% anual— y restricciones externas crecientes.
 
 Desinteresado en resolver los problemas de fondo, además de falto de soluciones, el gobierno prefirió comprar tiempo implantando más controles y restricciones.
 
 Poco a poco, el llamado modelo de desarrollo con inclusión social fue derivando en un indisimulado régimen autoritario.
 
> El gobierno ha avasallado el derecho del ciudadano a decidir libremente en qué gastar o ahorrar el fruto de su trabajo.
 
> Al prohibir el atesoramiento de divisas se condena a la gente a ver deteriorar su patrimonio por mantener sus ahorros en una moneda que rápidamente se desvaloriza.
 
> Adquirir las divisas necesarias para viajar al exterior depende de un criterio arbitrario de la AFIP.
 
> Y ahora se presiona a los bancos para que limiten las extracciones fuera del país con tarjetas de crédito, lo que implica una grave restricción a la libertad de tránsito.
 
• El cepo cambiario y el comercial no respetan las normas del Mercosur y están provocando serias fricciones con Brasil y Uruguay, que son los principales perjudicados por las barreras argentinas.
 
• Cuanto más estrictos sean los controles y restricciones, más caerá la actividad y mayor deterioro sufrirán las cuentas públicas.
 
• En esta economía de inflación alta con dólar subsidiado lo único rentable es importar —claro que siempre que se logre la autorización oficial.
 
 En cambio, el que produce en el país carga con los altos costos de la inflación y salarios en dólares.
 
• El atraso cambiario se acentúa sin pausa, por lo que cada vez van quedando más sectores fuera de competencia.
 
> Hasta el negocio sojero ha empezado a dejar de ser rentable debido a la combinación de alta inflación, atraso cambiario y presión impositiva sin precedentes.
 
> Para un productor que arrienda campo en la zona núcleo, su punto de equilibrio se ubica en un rinde de más de 30 q/ha. (quintales por hectárea).
 
> Para zonas marginales, la soja dejó de ser rentable.
 
 El actual nivel de brecha entre el tipo libre (paralelo) y el oficial —por encima de 80%— potencia la distorsiones que genera este régimen cambiario.
 
 Cada vez es mayor el subsidio a la compra de automóviles de alta gama.
 
 La suba del dólar paralelo alienta también a usar el dólar tarjeta, una suerte de subsidio a los viajes al exterior; la salida de divisas por esta vía ya supera los US$ 450 millones mensuales.
 
> La disparada del billete abarató aun más el dólar tarjeta, que actualmente cotiza a $ 6,30.
 
> La brecha respecto del paralelo ahora supone un ahorro de 50% para los que consumen en el exterior con tarjeta.
 
> El dólar tarjeta surge del precio del oficial, que los bancos toman en promedio a $ 5,25, a lo que se agrega el recargo de 20%.
 
> Hoy el ahorro resulta aun mayor al que se obtenía cuando el recargo de la AFIP era de 15 %: en ese momento el descuento era de 34% (el dólar oficial cotizaba a $ 4,66 y el paralelo a $ 6,34).
 
 Adicionalmente, tamaña brecha cambiaria es un potente estímulo a la fuga de capitales, la subfacturación de exportaciones, la sobrefacturación de importaciones, la radicación de firmas de servicios profesionales fuera de la Argentina, y el contrabando.
 
 Se están pagando los costos propios de una devaluación pero sin recibir ninguno de sus beneficios —como lo sería la recuperación de competitividad resultante.
 
 Este desdoblamiento de facto comenzó a incidir en los costos y a trasladarse a los precios, además de alentar a fugar dólares de la economía formal.
 
> Quienes usan insumos importados son los primeros en cubrirse porque ven una estructura cambiaria que está al borde de explotar.
 
> Pero la brecha termina impactando en la estructura de costos y precios de todas las cadenas productivas.
 
• El mercado inmobiliario se ha paralizado y se derrumbó 85% el inicio de obras civiles.
 
• Los crecientes riesgos cambiarios, la imposibilidad de mover capitales y las amenazas contra los derechos de propiedad han terminado por colapsar —casi literalmente— la inversión productiva.
 
 Ya no sirve la táctica oficial de pretender ignorar el mercado cambiario paralelo, asignándole una posición marginal.
 
 El mercado marginal ha mostrado ser más grande que lo publicitado y el alza sin pausa contribuye a frenar la economía y alienta la informalidad.
 
 También se viene observando un mayor dinamismo en operaciones de contado con liquidación, lo que indicaría una mayor propensión de las grandes compañías de girar utilidades y regalías al exterior, aun a riesgo de sufrir represalias del gobierno.
 
• Mientras la tasa siga subsidiando la fuga hacia el paralelo, el mercado seguirá un curso ascendente.
 
 La suba del dólar marginal y del contado con liquidación pese a una paralela absorción de fondos vía LEBAC y una leve desaceleración en la creación de dinero sugieren una incipiente y peligrosa fatiga en la demanda de dinero.
 
• El comportamiento reticente de la demanda de dinero podría marcar el inicio de un proceso psicosocial de desconfianza masiva, con serio riesgo de que se refuerce circularmente.
 
 En ese evento, podría asistirse a un deterioro vertiginoso del peso, con una dinámica propia e independiente de las relaciones técnicas y otras condiciones macro.
 
 Las crecientes demoras —hasta 10 días— de la AFIP para autorizar las compras de divisas a las agencias de viaje podrían indicar una expectativa creciente de devaluación por parte del mismo órgano recaudador.
 
 La AFIP tarda ahora hasta 10 días en autorizar esas compras de divisas.
 
 Para facturar a sus clientes, las agencias deben advertirles que el precio está sujeto a modificaciones o estimar la cotización que tendrá el dólar oficial el día en que se autorice la transacción.
 
 Lo que se vuelve evidente es la ineptitud de los funcionarios para enfrentar un problema que puede devenir en crisis: con muy poco trauma se podría frenar el avance del paralelo, concediendo espacio para diseñar una estrategia de normalización de toda la economía.
 
 En primer lugar, habría que subir la tasa a niveles que resulten compatibles con el ritmo de la devaluación oficial y la inflación.
 
 Si se quiere salir de este proceso de deterioro progresivo, es esencial devolver libertad a los flujos de capital.
 
> Recordemos nuestro teorema: nadie quiere entrar a donde no dejan salir.
 
> Si se legalizara el dólar paralelo, convirtiéndolo en un segmento financiero libre entre empresas y particulares, se liberarían paulatinamente dólares guardados en colchones y cajas de seguridad; y si se acompañara esa medida con otras de fondo, esos dólares contribuirían a reactivar la economía.
 
> Por este mecanismo, las empresas podrían sacar e ingresar dólares a valores realistas y así resucitar la inversión.
 
 Y, en caso de que insistiese con no liberar el mercado paralelo, el gobierno podría colocar en la plaza de pesos bonos de corto plazo en moneda extranjera, oxigenando de esta forma el mercado cambiario y sin afectar las reservas.

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