INFORME DE MASSOT& MONTEVERDE - ECONOMÍA 2016


Agustín Monteverde, de Massot & Monteverde, afirma que el problema es el modelo que eligió el Presidente, más allá de sus colaboradores elegidos para ejecutar sus definiciones. Él no entiende cómo se llama a sesiones extraordinarias del Congreso para llevar a 45% la alícuota del Impuesto a las Ganancias. Y explica la coyuntura que no le está dando buenos resultados a Cambiemos en las encuestas de opinión pública.

Equipo de colaboradores de Mauricio Macri, quien necesita renovar su Gabinete. Pero Agustín Monteverde le agrega: "Y cambiar de modelo".
por AGUSTÍN MONTEVERDE

 Hay errores de diseño del modelo y de diagnóstico que conspiran contra la salida de la recesión y el regreso de la inversión.

 Se considera, por un lado, que es posible motorizar el consumo apoyándose casi exclusivamente en ampliar y facilitar el crédito.

 Por otro, en los despachos oficiales se cree que la inversión no se hace notar porque aún no se ha logrado instalar el cambio de humor que correspondería al cambio de clima operado desde diciembre pasado.

** Esa perspectiva es doblemente equivocada.

 En primer lugar, el determinante clave del consumo es el ingreso disponible, no la posibilidad de tomar crédito. La gente no necesita —ni puede, como lo consigna el informe de la CAME— endeudarse más; lo que requiere es gozar de más ingreso disponible.

 En cuanto a la inversión, ésta no se mueve con arreglo a impulsos emocionales o subjetivas condiciones anímicas.

# Sus determinantes son bien racionales y concretos: la oportunidad de realizar ganancias en un marco jurídico que asegure los derechos de propiedad.

# Y lo primero que el inversor observa es que la demanda —el consumo, las exportaciones— está en retroceso.

# A los capitales no es necesario convocarlos; pujan solos por venir cuando es atractivo invertir.

** En lo que se refiere al consumo, la capacidad de compra de las familias marcó en octubre una retracción de poco menos de 10%.

 El deterioro de la capacidad de compra es el resultado de que la suba de los precios nominales —sea por inflación, sea por recomposición de los precios relativos— aventaja a la de los ingresos familiares —que además se ven recortados por la altísima presión impositiva.

# Otro elemento que incide es el deterioro del empleo; en los 12 meses transcurridos hasta agosto se llevaban perdidos más de 107.000 puestos de trabajo formal.

# Un último factor que ha afectado la capacidad de compra de las familias es la retracción que ha sufrido el crédito de consumo; pero se debe en buena medida a que se saturó la capacidad de tomar deuda.

** El dato positivo es que la capacidad de compra de las familias se mantiene relativamente e stable desde julio.

** Y la Fundación Mediterránea estima que para el 1er. semestre de 2017 habrá una mejora interanual de 3,7% en el poder adquisitivo, lo que contribuirá a dinamizar la actividad.

 La estrella serán los jubilados, que verán mejorar sus ingresos reales en 9,7%.

 Los planes sociales tendrán mejoras de 5,8% y, por último, los asalariados incrementarían en 2, % su poder de compra.

** En cuanto a las inversiones, su llegada se demora por la sencilla razón de que hoy no es atractivo invertir.

 Dejando de lado que el marco jurídico y político aún no ofrece las garantías que serían deseables, el primer escollo que surge es una presión impositiva récord.

Nunca hemos estado tan cargados como ahora de impuestos y para–impuestos de todo tipo, y eso está ahogando —literalmente— al sector privado.

• Otro poderoso disuasor es la apreciación cambiaria.

# El tipo de cambio está muy atrasado —es decir, está artificialmente sobrevaluado— y eso es un obstáculo formidable para la inversión.

# Nadie acepta que le paguen por sus dólares menos bienes de capital o mercadería que la que obtendría en cualquier otro país.

# Además del impacto negativo en la competitividad, los inversores son conocedores de que detrás de todo proceso artificial de apreciación cambiaria se incuba una recomposición más o menos brusca, desordenada y dolorosa.

** Lo que da existencia a todos estos ahuyentadores de capitales es —como siempre— en la alarmante situación fiscal.

• La Argentina, no ha reducido el gasto estatal; por el contrario, se ha disparado.

 Esta insolvencia fiscal —cada vez más manifiesta— no se resuelve acumulando deuda.

 La deuda resuelve la coyuntura trasladando y potenciando el problema hacia delante: llegado el momento, además de efectuar el ajuste que no se quiso hacer, se requiere un ajuste mayor para devolver el capital y los intereses.

• Eso nos devuelve al problema de la presión tributaria: los inversores saben bien que el agravamiento de la situación fiscal y el consiguiente endeudamiento acelerado se pagarán indefectiblemente con más sacrificios por parte de los contribuyentes.

** Otro punto no menor es que, en una amplia variedad de áreas decisivas para la inversión, las reglas de juego todavía no se terminaron de clarificar.

 Es cierto que se han tomado algunas medidas indispensables para proveer un clima de negocios algo más favorable.

 Pero hay todo un denso marco normativo, plagado de regulaciones de detalle, en gran medida ridículas o incumplibles, que desalientan la inversión; no sólo es difícil de desmontar sino que su complejidad sigue creciendo día a día.

 Las normas laborales, de higiene, de seguridad urbana e 
industrial y sanitarias implican costos exorbitantes, que vuelven inviables los proyectos.

** Por último, juega en contra el cierre de la economía, que obliga a trabajar con insumos extraordinariamente caros y de mala calidad.

** La Argentina ha pasado muchas veces por ciclos de alto déficit fiscal financiado con endeudamiento externo, tipo de cambio atraso, y economía cerrada; en todos los casos el final sobrevino con una crisis de balance de pagos.

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